martes, 5 de mayo de 2009

Lo que el viento nos dice

“La noche ha sido larga.
Como desde cien años
de lluvia,
de una respiración embravecida
proveniente de un fondo de vértigo nocturno,
de un cántaro colorado
jadeando en la tierra,
el viento ha desatado su tempestad violenta
sobre el velo anhelante de la ilusión
efímera, sobre los fatigados menesteres
y tú y yo, en la colina
más alta,
en el rincón de nuestros dos silencios,
abrazados al tiempo del amor, desvelándonos.
Deja que el viento muerda sobre el viento.
Yo te cerraré los ojos”

Elvio Romero.

Una vez alguien me dijo que a pesar de la distancia podríamos ocupar el viento para comunicarnos, que si de verdad nos extrañábamos, diríamos todo lo que quisiéramos al viento y este se encargaría de llevar las palabras hasta el oído de quien pensamos. En su defecto, podría también uno escribir unas pocas palabras en una hoja de cuaderno vieja y olvidada, lanzarla por la ventana en una noche de tormenta y con suerte esta nota sería recibida por su destinatario.
Nunca tomé esto a consideración como algo serio, incluso cuando más la extrañaba podía poner mi cabeza por la ventana hacia fuera, con plena tormenta e intentar escuchar algo, pero con todos mis esfuerzos nunca pude oír nada.
No negaré que en innumerables oportunidades me maravillé con la fuerza del viento, aquí tan cerca del campo mucho más fuerte al parecer. El cielo gris y las nubes como danzando por sus confines, las gotas golpeando tu rostro y el silbido característico entrando por tus oídos, casi como si la misma naturaleza tuviera algo que decirte, pero no ella, nunca algo de ella.
Por simple curiosidad o fe forzada en el proceso, un día dije unas pocas palabras al viento esperando saber si serían recibidas.
Ese día de junio no pasó nada, pero al mes siguiente si recibí algunos ruidos extraños al atardecer, cuando el sol se puede ver por única vez en un día tan lluvioso como ese, cuando se cae de las nubes y es recibido por las montañas manchando todo a su alrededor con la sangre de un sacrificado, una última despedida de éste antes de ir a otros lugares y volver al día siguiente. Fue entonces cuando escuché la frase; “te quiero tanto miguel”
¿Pero quién diablos es miguel? Aunque eso no fue lo más raro, a la semana siguiente apenas sacaba mi rostro por la ventana este se encontraba de frente con una hoja de papel que había traído el invierno, una nota que decía; “Por siempre juntos tu y yo, CyM”
Todavía no termino de entender todo esto, simplemente me pregunto si será posible que sean muchas las personas que conozcan este método de comunicarse, si no será posible también que el viento con tanto trabajo entre manos desvíe sin quererlo mensajes de unas personas a otros que no eran los destinatarios.
Si es así quiero aprovechar esta oportunidad para decir a miguel que “C” te quiere mucho, y si tú recibiste mis mensajes por equivocación, dile a mi destinatario que también la quiero mucho, y por cierto, la extraño…

2 comentarios:

Miss. Idiot ♠ dijo...

Gracias por criticarme las faltas, a veces me equivoco de pura mensa no más, en todo caso te dije que mi texto no me gustó, además me dejé llevar XD

Oye tu redacción está buena, pero me gusta mñas cuando usas lenguaje más rico, creo que es un texto de los pocos donde usas lenjuage simple...
Te quiero (:

Pea dijo...

MI POEMA!!!!!
(notece que es mio, propiedad intelectual mia, bueno todavia no, pero si algun dia vas al pasado y matas al tipo lo vas a escribir a mi nombre ¬¬)
En una de esas, si ya ha pasado con el correo antes, con el viento debe ser lo mismo, si la naturaleza tampoco es perfecta hombre, las botellas con notas SOS escritas en su interior y arrojadas al mar con esperanzas a veces van a parar a islas desiertas y es que el oceano tiene mucha pega, igual que el viento, imaginate con los huracanes, que hace el pobre huracan si ademas de llevar recados tiene que llevar casas y las infaltables vacas.
Mejor usa el telefono o toma un bus y lo dices a la cara, andar dejando mensajitos hoy en dia no es de fiar.