miércoles, 4 de febrero de 2009

Desde la otra colina

Para Noelia, que quizás disfrute de este relato.


Cuando era pequeño y salíamos a vacacionar con mi familia, siempre lo hacíamos al sur, arriba de nuestro viejo pero reconfortante Subaru Legacy. Cabíamos todos con mucho espacio de sobra e incluso las cosas iban cómodas. Íbamos acampando de región en región, a mí desde la séptima en adelante me parecían todas sacadas como de cuentos, con esos frondosos bosques ideados por Tolkien, con mitología e historias que parecían sacadas de la mente de Lovecraft y personas muy cariñosas y atentas como las creadas por Bárbara Wood.
Recuerdo una noche en especial, acampando en Valdivia. Recuerdo muy bien esa noche porque el lugar me fue inolvidable; estaba el camping en sus inicios a la entrada de un bosque valdiviano, al estilo de esos nórdicos de las leyendas bárbaras. Pero al ir entrando en los terrenos del camping uno se daba cuenta de que el centro de éste estaba en las faldas de un cerro, y si uno lo ameritaba podía acampar subiendo el cerro en el lugar que uno le pareciese más cómodo.
Mi padre siempre tan romántico como yo para sus cosas, quería acampar sí o sí en la cima del cerro o al menos lo más cerca posible de la cima, yo por supuesto avalé la idea de inmediato, no tanto mi madre por comodidad y mi hermana por miedo. La voluntad de los hombres fue mayor y casi llegamos a lo más alto del cerro para acampar si no hubiera sido por mi madre que ya se quejaba mucho (había que subir a pie con las cosas, no había caminos para subir con el auto las cosas, por lo que este se quedaba abajo al cuidado de trabajadores del camping).
Era ya de noche cuando entramos en el camping, por lo que después de pagar, estacionar y caminar hacia arriba entramos en la noche profunda y misteriosa regalada por estas regiones australes.
Una vez que terminamos de armar la carpa no nos sentimos cansados ni con ganas de dormir, a excepción de mi madre que se acostó inmediatamente. Así que nos sentamos los demás alrededor de una de las mesas instaladas en todo el cerro para los visitantes, ya sentados pedimos a nuestro padre que relatara alguna de sus historias famosas, la que ya tanto nos habían fascinado otras noches, tanto o más que las contadas por los autóctonos de los lugares donde nos quedábamos.

Esa noche mi padre parecía estarse quedando sin ideas, pues miraba mucho al cielo, buscándolo en realidad entre la gran frondosidad sobre nuestras cabezas. Apenas se podían vislumbrar las estrellas y el oscuro cielo entre las ramas de los inmensos árboles, pero al horizonte todo era más claro, al menos hacia el frente y entre los árboles era más nítido lo que se podía vislumbrar.
Ahí fue cuando nos dimos cuenta que por la parte trasera del cerro, visible desde donde estábamos, había una gran laguna, muy oscura y estática, al modo del lago “todos los santos”. Al medio de esta gran laguna había un mástil sobresaliendo. En ese momento a mi padre se le ocurrió una idea, relatarnos la historia del gran terremoto que hubo en Valdivia en los años sesenta, seguramente el mástil era de algún barco que estaba en la laguna en esos años, el terremoto que desembocó un maremoto en al ciudad debió haber dejado sus estragos en este lugar también y haber
hundido ese barco.
La historia nos pareció interesante, pero queríamos algo más, aún era temprano para mi hermana y yo, no estábamos tan impresionados y esa noche necesitábamos más.
Entonces fue cuando todos al unísono vimos más allá de la laguna muchos cerros más levantándose de la tierra como queriendo volar. Mi padre y nosotros nos dimos cuenta de que en esos cerros debía haber otros campings con otros turistas en la misma situación que nosotros, imaginando historias, quizás mirando el mismo mástil y seguramente luego fijándose en este mismo cerro al otro lado de la laguna, con gente que seguramente estaría en la misma situación que ellos, imaginando historias, quizás mirando el mismo mástil y seguramente luego fijándose en su cerro que desde el otro lado estarían en la misma situación y así hasta el infinito y más allá.
No fue necesario que alcanzáramos a mirarnos o decirnos algo pues estábamos muy absortos observando a los otros turistas en el otro cerro (aunque por la distancia y la noche apenas veíamos los cerros y sus árboles) cuando de repente vimos un pequeño punto rojo prenderse desde la distancia.
El punto parecía una estrella a punto de morir desde la lejanía, vibraba y temblaba cada cierto tiempo, esto me ponía muy nervioso pues no quería que nuestra estrella muriera antes de dilucidar qué era en realidad.
Mi padre dijo que si se prendían dos más de esas, el tercero debía morir. Nos pusimos muy alegres con mi hermana, porque sabíamos la estrella le había recordado alguna historia a mi padre, ea ea, por la introducción que tuvo seguramente una muy buena que nos dejaría satisfechos por esa noche.
Mi padre nos dijo que…
“Mi padre, o sea, su abuelo niños, sirvió en el ejército en los momentos de tensión entre Chile y argentina. Aquí en el sur estuvo retenido a principio de los ochenta con su batallón en la frontera con los trasandinos. Los dos ejércitos estaban muy cerca el uno del otro y el inició de la contienda era cosa de todos los días, muchas veces su abuelo me recordaba que variadas noches pasaron sin dormir por la preocupación de un ataque sorpresa, al otro día tanto las tropas chilenas como argentinas estaban ausentes por tomar siesta todo el día, pues el sueño no se lo podían ni los comandantes.
Día a día, semana tras semana ambas tropas intentaban pasar el tiempo y no aburrirse, los argentinos mateando y los chilenos con su café. Jugando cartas y a la pelota.
Lo que más recuerdo fue su abuelo siendo explícito en la regla general de fumar sólo de día, para todos los batallones de ambos países. La explicación de esta regla me dejó atónito en su momento; lo que pasaba era que ambos ejércitos se encontraban acampando uno no muy lejos del otro, algunas tropas (como las de mi abuelo) estaban asentadas en la subida de un cerro cuidando a las tropas de abajo, especialmente la tropa de mi padre tenía la prohibición de fumar de noche. La razón era que un cigarro prendido deja un destello con su fuego que puede ser visto a kilómetros de distancia en la noche, de día al contrario no. Un cigarro prendido en la noche deja un destello rojizo que puede ser detectado a grandes distancias incluso por el soldado más ciego y despistado de un ejército gallego. Por eso las tropas, especialmente las de asentadas en la altura tenían la prohibición de fumar en la noche, pues tanto argentinos como chilenos habían oídos historias de guerras europeas, leyendo libros o escuchando viejos relatos que tanto emocionaban a los jóvenes soldados que soñaban encontrarse luchando en Waterloo, Leningrado o Varsovia. Por el momento histórico vivido las historias que más disfrutaban los soldados de ambos bandos eran las llegadas de la segunda guerra mundial, donde de las muchas costumbres de le guerra llegó la más apetecida del “tercero cigarro, el del muerto”
Esta decía que durante la noche batallones enemigos acampando uno no muy lejos del otro, podían ver ciertas noches como desde la frontera enemiga soldados despistados iban prendiendo uno a uno cigarros, estos delataban la posición de un soldado enemigo a la distancia y daban la oportunidad a un buen tirador de dar justo en el pecho del fumador, quizás en la cabeza. Por supuesto al principio entre franceses y alemanes todo fue matar y matar como animales, pero luego de un tiempo como a todos nos pasa, las cosas sencillas no fueron suficientes y surgió la tradición de esperar que un soldado prendiera tranquilo su cigarro, luego que un segundo soldado hiciera lo mismo para fulminar al tercero que encendiera seguramente un Eckstein o en caso contrario un Gauloises. Así tanto dentro de los batallones europeos como ahora en los nuestros ha surgido la tradición no sólo de no fumar de noche, sino además nunca encender tres cigarros seguidos uno tras otro, aunque no se esté en guerra y estuviéramos por ejemplo de vacaciones. La superstición es muy fuerte y uno nunca sabe que tipo de loco esté mirando. Por ejemplo si ese cigarro ahí al frente en la colina se transformara en un segundo y después en un tercero quizás algún loco de esta colina desenfrenado o ebrio podría utilizar su arma contra alguno de los fumadores, claro si conociese la historia que ya es leyenda”.
Cuando mi padre terminó su relato nos quedamos estáticos mirando la luz proveniente de un cigarro que nos llegaba desde el otro cerro, como esperando que se encendieran dos cigarros más y alguien cumpliera con la ley de la guerra, pero no pasó nada más.
Luego al otro día partimos más al sur, la historia de ese viaje es larga y no viene al caso, por lo que diré; al volver a Santiago pasaron muchos años y hasta el día de hoy no hemos vuelto al sur de camping, es una lástima pues extraño mucho esos viajes con sus experiencias.

Ahora que recuerdo esa historia mientras fumo un cigarro desde mi ventana en el segundo piso de mi casa, me doy cuenta de que esta noche está tan oscura y misteriosa como aquella memorable valdiviana. Ahora que vivo en Padre Hurtado (zona rural de Santiago) tengo alrededor de mi casa muchos árboles y cerros al frente (claro árboles no tan frondosos y altos como los sureños y cerros no tan cercanos ni imponentes como los australes)
Miró el cielo estrellado y pienso que una noche como esta encontré mi carro entre esparcidas luces perdidas en la negrura, miró directamente al cerro y espantado veo como una luz rojiza toma vida a la distancia, casi en la cima del cerro. Me digo que es imposible, esos cerros son desolados y no hay vivienda posible que esté cercana, si hubiera alguien en esos cerros sería un grupo de jóvenes que llegaron en automóvil o a pie creo para acampar, podría decir que no conocen la leyenda de la guerra y la noche sin cigarros pues no habrían prendido siquiera uno en una noche como esta, ¡pero que digo! Maldita sea si yo mismo he prendido un cigarro desde mi ventana y desde el cerro al otro lado, a la distancia se debe ver mi luz rojiza.
Pronto veo como la luz se mueve lado a lado, como si el fumador con su mano hiciera el movimiento de un péndulo invertido y el brillo del cigarro fuera una especie de señal para comunicarse con alguien, en una de esas conmigo… Empiezo entonces yo también a mover mi cigarro en forma de respuesta y maravilla; él, ella, ellos o ellas se detuvieron, el cigarro dejó de moverse por lo que yo también me detuve, entonces la luz rojiza siguió moviéndose y yo pasmado me di cuenta de que mantenía algún tipo de comunicación con alguien.
Mi cigarro estaba por consumirse y la luz rojiza empezó a moverse rápidamente, como zigzagueando, luego en línea “recta” y al final en círculo, se me ocurría el fumador estaba huyendo o corriendo de algo, pero claro sólo es una idea loca que se me viene a la cabeza. Luego la luz se detuvo y ante el destello se interponía una negrura, luego al luz y luego la oscuridad, mi mente me decía que algo no estaba bien, pero ¿qué podía hacer yo a la distancia? La comunicación parecía vaga e in entendible. Ahora que lo pienso más, la luz y sus interrupciones podrían haber sido código Morse, con una mano se sostenía el cigarro y con la otra se interrumpía la luz para dar algún tipo de mensaje, pero yo nunca he sabido Morse así que no podría saber si en realidad era ese lenguaje o algo más pasaba.
Luego de unos segundos la luz se levantó y cayó estrepitosamente al suelo, se apagó y yo apagué a la vez mi cigarro, algo definitivamente extraño estaba ocurriendo y yo no quería que los involucrados siguieran viendo mi luz.
Me mantuve ahí esperando que la luz volviera a prenderse, pero no lo hizo nunca más en la noche. Hasta el día de hoy he querido saber que pasó aquella noche en el cerro, mis teorías policíacas no me convencen o intento no convencerme pues sería atroz.
Confieso que ahora no me atrevo a fumar desde mi ventana, rompo el código de los cigarros y la noche en otros lugares cuando estoy acompañado, pero ya nunca más en mi pieza, definitivamente ya nunca más solo.

3 comentarios:

Miss.Idiot* dijo...

No lo leí , tus COSAS son muy LARGAS o sea la mayoría y los leo de día de noche mis ojos se cierran xD
KIN KIN KIN KIN KIN KIN KIN KIN KIN KIN

shan!!!! xD

Pea dijo...

Fue como transportarse ... cuando sientes que ya no estas sentada leyendo sino en la cima de la montaña es cuando te das cuenta de que algo es bueno.
Bueno, compartimos el gusto por Valdivia, aunque no por los cigarros.
El humano tan wn, pero asi somos, cuando nos aburrimos nos ponemos wns.
Matarlos mientras fuman un cigarro me parece completamente innesario, pero es como un metafora ... prender el cigarro mismo ya es el suicidio.
Que se yo.
:D

Nayareth Pino Luna dijo...

Qué raro! sabes había "publicado" un comentario pero no apareció. Volveré a escribirlo.
Buena historia e interesante forma de narrar.
Creo que hay un error temporal, porque cuando cuentas que estabas fumando desde tu ventana ocupas el advervio "ahora" y al final de la entrada vuelves a hablar en presente, y al parecer había transcurrido el tiempo. No sé si me equivoco, es sólo una obaservación.
Quizás más adelante pueda hacer críticas más profesionales, tomando en cuenta mi carrera, por ahora soy sólo una aficionada (a mucha honra jajaja).
Ojalá nunca dejes de escribir.
Arrividercci y Fuera (no cambio, porque no es una conversación jajja).