lunes, 2 de febrero de 2009

Simetría Tío-Sobrino

Tío: Uno cuando es joven no sabe lo que hace, la mayoría de nuestros actos son torpes, pues los hacemos sin la experiencia de haberlos cometido antes, así que caemos y caemos, así muchas veces, hasta que pasa mucho tiempo y al final podemos volver la cabeza al pasado y sentirnos avergonzados por todas las estupideces. Se es como un niño chico jugando a ser grande, lamentablemente para cuando nos damos cuenta ya hemos perdido lo que más queríamos.

Sobrino: Su historia es muy parecida a la mía, quizás aún peor, digo, para usted debió ser más difícil, las cosas se complicaron mucho más. Pero dejando de lado muchas cosas son prácticamente las mismas historias, los mismos sucesos…

Tío: El mismo dolor, pero para tu bien espero no los mismos tiempos.

Sobrino: ¿Cómo eso?

Tío: Quince años me tomó superarlo completamente, claro después de cada año, uno tras otro las cosas se iban dilatando y todo iba siendo como un sueño lejano que cada vez estaba más superado, porque aún después de diez años desde el fin despertar soñando con ella no es algo agradable. Por eso ahora por fin puedo hablar contigo y contarte como fue para mí, porque al fin lo he superado. Por eso digo también que espero, para ti no sean quince años.

Sobrino: ¿Ahora puede verla a los ojos y sentirse bien?

Tío: Claro, la última vez que la vi sentí eso, que todo estaba superado y ella era nada más que un fantasma en mi pasado. Creo para ella no fue así, lo pude ver en sus ojos, en su abrazo largo y en su despedida como deseando más. Me dio mucha pena todo eso, pues recordé como era para mí cuando le daba a ella esos signos de cariño y ella no me correspondía, aunque creo ella nunca sintió lástima por mí como yo por ella ahora, o al menos eso creo.

Sobrino: Pero ustedes compartieron más que yo con Antonia, como fue que no pudieron salir adelante, nunca he entendido eso.

Tío: Deja que te lo relate.
Al principio todo fue color de rosa, mucho amor y mucha felicidad.

Sobrino: Para mi igual.

Tío: Estuvimos así muchos meses, pero como te digo uno es niño chico, no sabe dominar esas emociones demasiado grandes. Empezaron las peleas por cualquier cosa. Yo me colocaba celoso por cualquier motivo, ella era inocente todas las veces, aún así no podía evitar molestarme cuando salía con sus amigos, cuando si quiera tenía amigos. Una vez me enojé por semanas porque salió con sus amigas en vez de conmigo. Todas esas cosas son celos obsesivos de un niño que no sabe qué es lo que quiere, si yo la hubiera amado de verdad hubiera respetado su espacio como ella hacía al principio con el mío.

Sobrino: Me pasaba lo mismo, a veces parecía reflexionar sobre el tema, encontrarle la razón a ella y quería cambiar. Pero los celos, la rabia y el deseo de posesión eran más grandes.

Tío: Uno siente la ira, la rabia y los celos mezclándose por tu cuerpo.

Sobrino: Subiendo desde tus pies a tu estómago.

Tío: Se contraen todos tus músculos, sientes que no puedes respirara pues tu garganta deja de funcionar, el calor invade tu cabeza y la picazón comienza por todo tu cuerpo. La rabia, es esa rabia fuera de lo normal que te domina.

Sobrino: Si la tuvieras frente a ti en ese momento y estando en ese estado…

Tío: Serías capaz de matarla, porque no te quiere a ti, solamente a ti. Cómo se atreve a tener más amigas y amigos, como se atreve a pensar engañarte, cuando seguramente nunca lo pensó.

Sobrino: Es la enfermedad de la cabeza, es una enfermedad que no le deseo a nadie. Mi padre una vez me dijo cuando la padeció; “Prefiero morir de cáncer, que me torturen y me quiten lo más preciado, pero cuando es tu cabeza quien te acecha no puedes comer, no puedes dormir, no puedes pensar en nada más que la venganza, el control absoluto. Es lo peor que le puede pasar a un hombre, y a la mujer que esté con él en esos momentos.”

Tío: Tal vez nuestra familia esta maldita, por nuestra sangre corre esa enfermedad pues todos parecen padecerla. Algunos más, otros menos.

Sobrino: ¿Qué pasó luego con ella?

Tío: Empezamos a terminar y volver, una y otra vez. Para cuando llevábamos dos años, habíamos terminado y vuelto más de cien veces, sin exagerar…

Sobrino: Sé como es eso.

Tío: Todo era motivo para terminar: ¿lo miraste a él?, en las fiestas sólo debes bailar conmigo, no quiero que tengas más secretos con tus amigas pues debes contármelo todo, etc…
Así la relación se hizo enfermiza, un desagrado completo y seguir con esa farsa…

Sobrino: Era innecesario…

Tío: Pero aún así uno quería seguir…

Sobrino: Con esa farsa.

Tío: Menos ellas, ellas maduran antes y si en algún momento compartieron nuestros celos obsesivos y la manía de controlar sólo fue por compartir mucho tiempo con nosotros, pero ellas lo superan antes. Se dan cuenta a tiempo de que eso no puede seguir mucho más de esa forma, por eso ellas son las que siempre terminan y uno el que las convence de volver, siempre y siempre.

Sobrino: ¿Cuánto duraron en total?

Tío: Dos años seguidos, uno separados y finalmente dos años más juntos. De esos cinco años creo sólo dos fueron de felicidad.
Nunca la engañé.

Sobrino: Yo tampoco.

Tío: Creo que ella tampoco a mí.

Sobrino: Creo lo mismo.

Tío: Pero el fin era inevitable, ya no éramos los mismos que al comenzar, éramos para los veinte años dos completos desconocidos. Pero cuando al fin terminamos para no volver más, fue cuando ella y yo más cambiamos.

Sobrino: ¿Cómo fue terminar con ella?

Tío: Lo peor para mí, al principio me creí libre de hacer lo que yo quisiese con quien se me ocurriese, pero no fue así. Poco tiempo después de terminar sentí que ella me faltaba mucho, que no era nada sin ella y volví a buscarla.
Para cuando volví a pedirle que volviera conmigo ya era demasiado tarde, no quería nada conmigo, ella si estaba disfrutando su libertad y a mí me dolía mucho.
Aún estando con ella, muchas veces no salía Andrea a ningún lado, pero yo de vez en cuando lo hacía de todas formas con mis amigos y viví muchas cosas que Andrea sólo estaba experimentando ahora que ya no estaba conmigo.
Lo intenté todo, pedir, rogar, arrastrar. Regalos, obsequios, canciones, videos y muchas más, pero nada resultaba, ella estaba cegada en no volver conmigo y sabes algo. Yo tampoco hubiera vuelto conmigo.

Sobrino: Lo mismo sentía yo.

Tío: ¿Quién hubiera vuelto con nosotros? Tipos lastimeros que lloraban todo el día, sólo les hacíamos escenas de celos, no les dábamos más que peleas y dolores de cabeza. Ya no éramos los niños de quienes se habían enamorado (pues nunca fuimos hombres), ahora éramos algo peor, amenazadores, obsesivos, peleadores, casi locos que no las dejaban en paz y les arruinábamos su vida en sus mejores momentos.

Sobrino: Con nuestras preguntas; ¿Te gusta alguien?, ¿Has besado a alguien más? Porque después de tanto tiempo yo no lo he hecho con nadie.

Tío: Nos encargamos de hacer que aborrecieran el tiempo que compartían con nosotros, en vez de preocuparnos que les encantara estar a nuestro lado, de esa forma ellas mismas nos hubieran pedido volver, pero no fue así. Sólo hicimos que amaran más el tiempo que pasaban con sus amigas y amigos, que se fijaran en otras personas porque nosotros éramos insoportables.

Sobrino: No nos aguantábamos ni nosotros.

Tío: Destruíamos poco a poco lo que quedaba de cariño de ellas hacia nosotros.

Sobrino: Pero hubo un tiempo en que volvieron, lo recuerdo.

Tío: Yo también.

Sobrino: Cuando nos fuimos…

Tío: Yo a Rancagua.

Sobrino: Yo antes de eso.

Tío: Cuando comencé a ir a Rancagua conocí a tu tía. Bueno desde que la vi supe que la quería para mí, aunque fuera para olvidar a Andrea, pues por fin admití que nunca volveríamos y quería dejar de sufrir.
Tu tía era en verdad una mujer bella, no fue fácil conquistarla. Aunque su hermano (mi mejor amigo que me llevaba a Rancagua) me ayudaba y eso facilitó las cosas. Le habló muy bien de mí, que era un caballero diferente a todos los hombres y esas cosas que ellas quieren oír.

Sobrino: ¿Cuánto tiempo pasó?

Tío: Yo ya tenía más de veinte, estaba trabajando y prácticamente todos los fines de semana iba para Rancagua con el hermano de tu tía. Ya no pensaba mucho en Andrea, aunque la seguía amando creo. Me seguí enterando de que Andrea se metía con tal y tal tipo, de que le gustaba tal y tal persona y todo eso me destruía poco a poco. Lloraba mucho cada vez que me llegaba un nuevo rumor y esas cosas. Pero con el tiempo fue descendiendo esa sensación, aunque la seguía amando.
Estando con ella era diferente, con tu tía, cada vez pensaba menos en Andrea y cada vez se me hacía más importante conquistarla.

Sobrino: A mi me pasó lo mismo muchas veces con varias mujeres, las idealizaba en realidad, yo las transformaba en la ideal para reemplazar a Antonia, pero después de un tiempo me decepcionaba una tras otra, las llegaba a odiar por no cumplir su misión. Inconcientemente las borraba una a una y luego de una semana no quería saber nada de ellas, creo que contando bien, me pasó unas diez veces.

Tío: A mi también, pero no con tu tía, no. Ella fue diferente, quizás fue el mucho tiempo que me tomó conquistarla, varios meses. Pero ella perduró en el tiempo, no me desilusioné tan fácilmente, quizás por eso pololeamos tanto tiempo, fuimos muy felices.

Sobrino: Hasta que…

Tío: Andrea apareció en mi vida una vez más. Yo ya llevaba meses pololeando con tu tía, las cosas son algo diferente en las relaciones a esa edad, tu tía me ganaba por nueve años y yo tenía veinte y uno para ese tiempo, lo que me tomó más tiempo con Andrea vino casi con inercia con tu tía.

Sobrino: ¿Andrea quería volver?

Tío: Claro, cuando me lo dijo la quería matar, había esperado tanto tiempo por eso. Hace más de un año, en realidad casi dos años que no me decía “te amo”, y fue mucho más que eso. Dijo que era el hombre de su vida, que si tenía que luchar por mí lo haría con todas sus fuerzas, me esperaría de ser necesario, pero ella debía estar conmigo.
El odio por decirme eso ahora que yo ya estaba tan feliz con tu tía pasó poco a poco, pues abrí los ojos y vi que ante mía tenía la mujer que quizás seguía amando diciéndome lo que siempre quise escuchar.

Sobrino: Es lo que aún yo espero por escuchar. Pero no creo en mi caso suceda lo mismo, Antonia nunca más me lo dirá.

Tío: Uno nunca sabe.

Sobrino: ¿Qué hiciste cuando ella te dijo eso?

Tío: Lo mismo que harás tú cuando te lo digan de la misma forma.

Sobrino: ¿Desechar la poca dignidad que aún nos quedaría?

Tío: Exacto. Le dije que hablaría con tu tía, que terminaría con ella apenas pudiese y volveríamos a ser tan felices como nunca antes. Yo estaba seguro de eso, yo había madurado, ella había madurado y sólo nos quedaba el amor del pasado más reforzado, nada podía salir mal esta vez…

Sobrino: ¿o si?

Tío: Cuando viaje a Rancagua ese fin de semana para hablar con tu tía vino la debacle. Perdón no debería usar esa palabra, en realidad ahora que lo veo fue una de las mejores cosas que me pudo pasar, ahora que lo veo desde el futuro y veo el fruto maduro. Pero en ese momento sentí que me iba a morir, que no tenía por qué seguir viviendo.
Tu tía me dijo ese fin de semana, antes de que yo pudiese confesarle mi situación con Andrea, que estaba esperando un bebe mío. Podrás imaginarte mi rostro en ese momento.

Sobrino: Si me pasara eso creo entraría en desesperación, no podría articular casi ninguna palabra y lo peor sería…

Tío y Sobrino: Contarle lo del bebe a Antonia/Andrea.

Tío: Mi rostro estaba blanco, mis piernas temblaban. Lo único que pude decirle a tu tía fue que estuviera tranquila, aunque nada en mí le daba esa tranquilidad pues mi renta no era para sustentar una familia, era yo más joven que ella y mi estado físico no mostraba pasividad.
Le pedí además que no contara nada en su casa, yo iría a Santiago, le contaría a mis padres y volvería con todo arreglado allá en casa para hablar con sus padres, como ya sabes padres muy religiosos que incluso tienen una iglesia en su casa.

Sobrino: No me quiero imaginar a Antonia recibiendo una noticia así de mi parte.

Tío: No lo hagas. Cuando estuve otra vez en casa lo primero que hice fue hablar con mis padres. No quiero entrar en detalles, mi madre se quería morir y mi padre siempre tan inexpresivo. Lo importante fue cuando me tocó ir a hablar con Andrea.
Cuando llamé a su casa y me vio, salió corriendo desesperada, creía que yo iba a decirle que todo estaba listo y podíamos volver. Me abrazó y me beso, cuando no le correspondí el beso intuyó que algo no andaba bien y me preguntó que era.
Se lo confesé todo rápido pues se me hizo más fácil.

Sobrino: ¿Cómo reaccionó?

Tío: Tal como lo pensaba, me golpeó, se lanzó contra mí como una fiera, llorando y gritando, me golpeaba más y más, me preguntaba una y otra vez como había sido capaz de involucrarme con otra mujer y quería volver con ella además. Fue el peor momento de mi vida, nunca la había visto así.

Sobrino: ¿Qué pasó luego?

Tío: Volví a mi casa y mi madre seguía llorando, yo sabía que el curso del futuro ya estaba manchado, yo iba a casarme con tu tía. De no haberlo hecho de esa forma a ella la habrían expulsado de su casa, yo habría perdido contacto con mi bebe y no podía permitirme escapar de los problemas de esa forma, si yo había decidido tener relaciones con tu tía ahora debía cuidar de ella y del fruto de nuestro acto.

Sobrino: ¿Mi tía nunca supo de todo esto?

Tío: Claro que no y nunca lo sabrá, se moriría si supiera que todo empezó de esa forma.
Luego de todo eso volví a Rancagua y hablé con mis suegros, al confesarles todo me querían matar, algo se calmaron cuando dije que era mi intención casarme con su hija y no abandonar mi bebe.
Luego volví a Santiago y preparamos todo aquí con mi familia, el matrimonio en el civil, el de la iglesia se haría en Rancagua y etc.
El día que vino para el matrimonio en el civil fue una gran conmoción ver que Andrea estaba afuera esperándome. Nadie más la conocía, ni si quiera tu tía así que fue fácil ir a hablar con ella disimuladamente si que nadie notara algo extraño.

Sobrino: Seguramente lo que te dijo sumado a su presencia ahí ese día para ella tan doloroso, debió haber sido de las cosas más románticas que jamás a nadie le han ocurrido.

Tío: En efecto todo parecía sacado de una película. Andrea me dijo que no me casara, que yo no amaba a esa mujer y que esta relación forzada sólo terminaría por dañar más a ese hijo, lo mejor era cancelar todo, que yo mantuviera monetaria y afectivamente a ese bebe pero estuviera con ella, me perdonaba todo pero debía yo estar con ella.

Sobrino: Yo no hubiera podido rechazar a Antonia si hubiera venido así hacia mí, ella nunca ha hecho algo tan romántico por mí.

Tío: Andrea se jugó todo ese día, fue muy doloroso tener que rechazarla, ¿pero qué más podía hacer? Estaba todo ya listo y yo debía afrontar el resultado de mis actos.

Sobrino: ¿Ella se fue?

Tío: Llorando se fue como nunca vi a nadie llorar, mi corazón estaba roto.
Cuando al fin volví al registro civil, ese que esta frente al templo en Maipú. Mi madre estaba esperándome, me dijo que había visto a Andrea y que no permitiría que yo me casara. Ya me lo había dicho muchas veces antes, que ella no apoyaba que yo estuviera con una mujer tan mayor, que yo amaba a Andrea y ella lo sabía. Tu abuela me dijo que me protegería de todo si decidía no casarme, pues ese matrimonio sólo me traería problemas después.

Sobrino: ¿Qué hizo?

Tío: Fui un hombre, entré al registró y me casé con la madre de mi futura hija.
Todo después fue confuso y extraño, perdí contacto con Andrea por años, yo la seguía amando claro, pero nunca pude aclarar las cosas bien con ella, de hecho hasta el día de hoy no he podido.

Sobrino: ¿Pero no me dijo que se la había encontrado muchas veces en la calle y otros lugares?

Tío: Claro que sí, pero nunca hemos hablado, siempre son saludos fríos o muy efusivos, algunas lágrimas que se asoman por las mejillas, pero eso es todo. Nunca hemos hablado más de cinco minutos, claro sé que está casada y tiene hijos, pero nada de eso me afecta como si me lo hubieran vaticinado cuando era un adolescente.

Sobrino: Creo comprenderlo, aunque ya sé que nunca volveré con Antonia, si me asegurarán que ella está destinada a casarse con otro hombre y tener hijos con él (cosa que de todas formas es muy obvia) creo terminaría destruido.

Tío: Hasta el día de hoy no me arrepiento de mi decisión, claro en su momento fue muy difícil aceptar que sería padre, pero hasta el día de hoy el regalo más lindo que he recibido es mi hija, la amo como nada en el mundo y no podría imaginarme mi universo sin ella.

Sobrino: Fue una decisión madura la que tomó en su momento, yo no podría haber sido tan recto y correcto como usted.

Tío: Sí, fue duro haber hecho lo que hice, peor si hubiera sido de otra forma mi relación con mi hija no sería la misma, mi vida no sería la misma entonces, pues mi hija es lo más importante cada día y cada segundo.

Sobrino: ¿Ya no piensa en Andrea?

Tío: Como te dije ya no, me tomó quince años pero ya puedo verla y hablarle como si nada. Por lo mismo te dije, espero tu historia no sea igual a mí, o no termine igual a la mía, pues parecida o casi igual ya es. Pero trata de cambiar su fin, olvida esa mujer ahora o recupérala de una vez por todas, pues no quiero verte como yo por años prendado de un sueño, es lo peor que le puede pasar a un hombre.

Sobrino: Ojala todo fuera tan fácil, me gustaría borrarla más que recuperarla, me ha hecho mucho daño y no quiero pensar en estar con ella, de todas formas es inevitable.

Tío: Sea como sea, cuidado cuando vallas a Rancagua, pues es otro mundo con muchas nuevas oportunidades que lo vuelven loco a uno.
Además después de escuchar tu historia detenidamente, creo les pasa lo mismo que a mi y a Andrea nos sucedió; hay amor, pero la testarudez, todo el daño y demás cosas no les permiten perdonar y olvidar, ¿deben esperar acaso que un episodio difícil como el mío los ataque para que se den cuenta que deben estar juntos?

Sobrino: Si usted y Andrea no terminaron juntos tal vez yo tampoco deba terminar con Antonia, pues por mucho que la ame, es la mujer que más daño me ha hecho, no quiero decir que no me merezca, diré que no nos merecemos. No nos merecemos más dolor, lo mejor para mí es olvidar todo de una vez.

Tío: Ojala puedas, y ella también.

Sobrino: Sé que así será… espero.

1 comentario:

Nat dijo...

Que excelente ! . Recuerda : "es solo cosa de decisión" , un día no dará mas ni tu mente ni tu roto corazón .. despertarás y te dirás :" YA NO MÁS ".


Así muchos lo han hecho , tu problema esque nunca lo haz intentado ;).
Oye yo también me adueño de las personas xD , PERO A MI ME GUSTA :)